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  • 1 Canto al Calvario...
    Oh! Señor Jesús, te saludamos somos tus hijos los Zambos Caporales Señor (bis). Padre, venimos todos de lejos cruzando largos caminos para llegar a tus pies.
  • 2 Entrada al Templo...
    Llegamos todos cantando a este templo a saludar a la Virgen Reina mía. A este templo tan querido refugio de la esperanza de tus fieles. Ha sido largo el camino Virgen Santa, ha sido larga la angustia del camino.
  • 3 Buenos Dias...
    Mira que bonito baila mira que bonito canta con su Caporal, bailando, cantando, así venimos hasta tu altar, bailando, cantando, así lo quiere mi corazón. Buenos días tengas Madre, consuelo de nuestras almas, ya estamos aquí bailando, cantando, eres la luz de mi corazón.
  • 4 Retirada del Templo
    Que es aquello que bello relumbra al pie de este altar, es la Virgen pura y Soberana, Madre del Señor, danos tú el perdón divino y tu bendición. Hemos cumplido nuestra promesa, Virgen Santa, si hemos venido de lejos hasta tu altar, a dejarte con devoción nuestra fe.
  • 5 Alba
    Alba risueña y sombría sale alumbrar este día que los ángeles del cielo vienen a ver a María. Venga lucero brillante con su claridad María vengan todas las estrellas alumbrar en este día.

  
  

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Evangelio del Dia

  • Hermanos: Dios no es injusto para olvidarse de lo que ustedes han hecho y del amor que tienen por su Nombre, ese amor demostrado en el servicio que han prestado y siguen prestando a los santos. Solamente deseamos que cada uno muestre siempre el mismo celo para asegurar el cumplimento de su esperanza. Así, en lugar de dejarse estar perezosamente, imitarán el ejemplo de aquellos que por la fe y la paciencia heredan las promesas. Porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, como no podía jurar por alguien mayor que él, juró por sí mismo, diciendo: Sí, yo te colmaré de bendiciones y te daré una descendencia numerosa. Y por su paciencia, Abraham vio la realización de esta promesa. Los hombres acostumbran a jurar por algo más grande que ellos, y lo que se confirma con un juramento queda fuera de toda discusión. Por eso Dios, queriendo dar a los herederos de la promesa una prueba más clara de que su decisión era irrevocable, la garantizó con un juramento. De esa manera, hay dos realidades irrevocables -la promesa y el juramento- en las que Dios no puede engañarnos. Y gracias a ellas, nosotros, los que acudimos a él, nos sentimos poderosamente estimulados a aferrarnos a la esperanza que se nos ofrece. Esta esperanza que nosotros tenemos, es como un ancla del alma, sólida y firme, que penetra más allá del velo, allí mismo donde Jesús entró por nosotros, como precursor, convertido en Sumo Sacerdote para siempre, según el orden de Melquisedec.

Santo del Dia

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